Algo mamón que escribí el otro día. Creo que publicaré acá más seguido.
Se sabe que todo
está pre determinado socialmente. Que esta idea de formar una familia, dos
perros, una casa, un auto, tiene que ver con un modelo capitalista que tiene
que funcionar a la perfección. Creo que mi idea de futuro tiene que ver mucho
con este modelo (que nunca me ha apetecido). Pero, en este momento, debo decir,
que no me importa.
Yo quería viajar
por todo el mundo. Estando sola claro, porque andar con alguien, me parecía que
sería a rastras, que me retrasaría. Que no comprendería el arte, ni mi manera
de maravillarme con otras culturas. Que se reiría de mi cuando me emocioné al
ver el Arco del Triunfo. Mis ideas de tener familia se habían esfumado hace un
tiempo, y la idea de tener un amor real y duradero había quedado atrás. No era
que no creyera en ello, pero sentía que el destino le entregaría esa clase de
amor a otras personas y a mí me dejaría sola. Por eso me mandó al mundo de esta
manera, pensé. No puedes procrear para que no tengas familia, para que no te
comprometas con nadie. Incluso siempre pensé
en adoptar yo sola. En una de esas era más fácil adoptar sola, que
presentándose con tu pareja y que te rechacen por ser lesbianas. Me imaginé
viajando con mi hijo/a a Asia y vistiéndolo como los locales.
Aparte, siempre
me aburría de la gente. NEXT. Muy
rápidamente. O simplemente no me podían gustar y me encontré en una que otra
ocasión inventando excusas e indirectas para que comprendieran que no estaba interesada. No
era que fuera muy quisquillosa con el tipo de mujer que me gustara, es sólo que
siempre había un algo que me decía NO. Ella simplemente no me gusta, y no sé
por qué.
No creo en
ningún dios. No todavía. Pero si creo en el destino. Aún no me he puesto a
pensar, sobre qué o quién maneja este destino. Pero en fin. Creo que el destino
me estaba “alejando” de toda esa gente para lo que se venía después.
Nunca pensé que
la conocería de esa manera, a través de un amigo que no es tan amigo, de
alguien a todas luces pasajero, a quien ahora le debo mi felicidad. Hablar
horas sin habernos visto frente a frente. Sentir que la conocía. Sentir como
sonreía al otro lado de la pantalla. Por primera vez las cosas se me pusieron
realmente difíciles. Pero el destino logró que me mantuviera ahí, y pude ser
testigo de sus chistes, sus bromas, de comenzar a saber cómo era su esencia. Me
gustaba antes de conocerla, y aún no lo sabía.
La noche en que
la conocí fue redonda. El hecho que hubieran ciertos incidentes, la hizo más
redonda aún. Nos amamos desde el primer día, pero nuestros corazones no lo supieron
hasta algún tiempo después. Sentía que
la conocía desde siempre. Nos estábamos esperando para encontrarnos. La mañana
del primer día, tuve más confianza con ella que con cualquiera que conozco
desde hace años. Y eso me asustó un poco. Me asustó tanta perfección entre
nosotras dos, siendo que solo habían sido horas de estar juntas. Esa confianza
fue creciendo cada vez más, de manera muy rápida, pero no peligrosa. Nunca
soporté dormir pegado a alguien porque me sentía aplastada, sin embargo, desde
la primera noche, con ella dormía abrazada, apretadas al máximo, para sentir
con cada centímetro de nuestro cuerpo, el cuerpo de la otra. Esa hermosa
sensación de las mariposas en el estómago cada vez que me hablaba, fuera de
modo electrónico o en persona. Ponerme nerviosa cuando la iba a ver. Que ella
me dijera que se ponía nerviosa. Que me contara que tiritara. Su cara de vergüenza al decírmelo. Que
viéramos nuestras películas favoritas y que no se riera de mí a llorar con la
mía. Ese impulso a las cuatro de la mañana sentada en el piso escuchando Radio
y pedirle oficialmente que fuera mi pareja. Pololear. Cuando me dijo que me
costaba mirar a los ojos, siendo la primera que lo notara. Mirarla a los ojos y mantenerle la mirada. La primera vez
que le dije te quiero. La primera vez que ella me dijo te quiero.
Recuerdo luchar
contra mi lengua y mis cuerdas vocales, que querían gritar a todos los vientos:
TE AMO. Yo lo ocultaba tras un te quiero. Tenía miedo de que se me saliera. Hay
tantas cosas que hago inconscientemente, pero ésta la hacía consciente. Porque
ya con todo mi cuerpo, mi consciencia y mi inconsciencia, mi yo y mi YO, la
amaba. Recuerdo cuando me lo dijo por teléfono. Era de madrugada y yo estaba
sentada en el piso del baño de mi primo de tres años. Tenía sueño, pero eso
hizo que todos mis sentidos se volvieran locos. No recuerdo lo que le respondí, tenía sueño, mucha emoción, y ella
estaba ebria. Al día siguiente, tenía miedo que no lo recordara. No tenía miedo
de que todo fuera un invento de curadera, pero sí tenía temor, porque no sabría
como recordárselo en caso de que lo hubiera olvidado. Pero en mi celular su
whatsapp diciéndome que lo que me había dicho ayer era real. Yo recordé cuando
una vez me dijo: La que se enamora, pierde. Me lo dijo, yo sabía, porque ella
se estaba dando cuenta que lo nuestro era amor, y tenía miedo. Al recordar eso,
le respondí: ¿Recuerdas cuando me dijiste que la que se enamoraba perdía?
Perdí.
Cuando me lo
dijo en persona, fue el 1 de enero. Estábamos acurrucadas como de costumbre y
yo me di vuelta para ponernos en posición cucharita. Te amo. Me quedé tiesa.
Pensé el resto del día en como decírselo. No era que necesitara un momento
especial, puesto que la amo en cada momento de su existencia, desde que está
enojada hasta cuando está en el baño. Es sólo que no quería tartamudear del
nervio. Terminé diciéndoselo de la manera más cliché. Estábamos haciendo el
amor y la luz de la luna iluminaba de un modo azulado su rostro, sobre el mío.
Puse una mano en su cara, y mirándola a los ojos, sintiendo como ese segundo se
alargaba, te amo.
Y la sigo
amando, infinito. Digo infinito, porque es desde siempre. Desde antes que
naciera, desde todas mis vidas pasadas, otros universos. La amo infinito porque
trasciende a mi muerte, trasciende mis futuras vidas. Diría que la amo con todo
mi ser, pero soy tan pequeña, tan diminuta, que le digo que la amo con todo mi
Universo, que es infinito. Ni cuando estoy en la ducha, me siento tan segura de
lo que estoy haciendo y de que estoy en el lugar correcto, que cuando estoy con
ella. Eso es, creo yo, porque encontré mi alma compañera, la pieza del puzzle
que me faltaba, así mismo yo la completé a ella. Somos un melón tuna. Ella el
melón, yo la tuna (claro está, que esto tiene una razón de ser). Vamos de la
mano caminando por el sendero de la vida.
Ahora comprendo
que mi futuro no era viajar sola. Aún no sé, por qué llegué a este mundo con
ese síndrome maldito. Pero si sé, por qué somos tan perfectas, la una para la
otra. Ella me ama aunque producto del síndrome, tenga una cicatriz bastante
grande ensuciando mi cuerpo. Me apoya y estuvo conmigo, a pesar de la
distancia, en la clínica. Llora conmigo si los malos recuerdos re aparecen.
Siempre está ahí para que una y otra vez le cuente mis problemas en la casa.
Escucha mis pensamientos, mis historias, me oye. Se entretiene con mi
admiración por las cosas, y lo mejor de todo, la comprende y le gusta. Mis
viajes estarán completos con su presencia. Y así como ella está para mí, yo
estoy para ella, y eso me hace feliz. Saber que alguien me necesita, como yo la
necesito a ella, es inexplicable. Que me ame, como yo la amo a ella. Estaría
horas escribiendo, gastaría hojas y hojas, palabras, oraciones, tratando de
describir lo que es para mí, lo que yo soy para ella, todo lo que me hace
sentir.
Antes me había
resignado a la soledad. Ahora tenemos nombres para nuestros hijos, raza para
nuestros perros. Y no todo son sueños y especulaciones. Hay fechas, años,
ideas, proyectos. Díganme mamona, que me estoy adelantando a las cosas, digan
todo lo que quieran.
Alguna vez
entenderán, que ella es mi ser. Mi pasado, mi presente y mi futuro. Que después
de tanto tiempo, mi estómago salta cuando la veo, cuando me sonríe, cuando pone
cara de vergüenza, cuando nos miramos haciendo el amor, cuando la abrazo, y así
sigue la lista. La amo más que ayer, y menos que mañana. Caminábamos sin
buscarnos, pero caminábamos para encontrarnos (sé que no es exactamente así).
En fin, te amo.